Artículo Original
Farmacodermia: clínica y epidemiología
Verónica Noemí Bonetto, María Dolores Salduna, Alejandro Ruiz Lascano
Alergia e Inmunología Clínica 2022;(01): 0009-0016 | Doi: EN TRAMITE/AEIC/2022001/0009-0016
Las manifestaciones cutáneas causadas por reacciones adversas a medicamentos resultan frecuentes en la consulta dermatológica. Las reacciones adversas a los medicamentos son definidas por la Organización Mundial de la Salud como cualquier acontecimiento perjudicial o indeseable en las dosis estándar de un fármaco que se utiliza para la prevención, el diagnóstico, el tratamiento de una enfermedad o para modificar cualquier función fisiológica.
Una reacción cutánea adversa causada por un fármaco se considera como cualquier efecto indeseable sobre la piel, mucosa o faneras.
Objetivos. Evaluar la frecuencia relativa de reacciones cutáneas en el Servicio de Dermatología del Hospital Privado Universitario de Córdoba (HPUC), Argentina. Determinar las características clínicas de las lesiones cutáneas y los fármacos involucrados.
Diseño. Estudio descriptivo observacional de pacientes en forma prospectiva.
Material y métodos. Se evaluaron pacientes con reacciones adversas cutáneas tipo B, a medicamentos, atendidos en el servicio de Dermatología del HPUC, Argentina, desde julio de 2016 hasta diciembre de 2017.
Resultados. En el período julio 2016-diciembre 2017 se evaluaron 61 pacientes con sospecha clínica de farmacodermia. Se seleccionaron 52 pacientes que cumplieron los criterios de inclusión. La frecuencia calculada fue de 1,8 por cada 1000 pacientes. El rango de edad de presentación fue de 18 a 87 años, con una media de 53,92 años, con una distribución por sexo de 53,8% en género femenino. El 92,3% (n=48) de los pacientes fue evaluado en la consulta ambulatoria. La forma clínica más frecuente fue el exantema maculopapular (n=34; 65,4%), seguido por la erupción fija por drogas (n=8; 15,4%). El cuadro fue grave en 2 pacientes (3,84%), una necrólisis epidérmica tóxica y un síndrome de reacción a drogas con eosinofilia y síntomas sistémicos (DRESS: drug reaction with eosinophilia and systemic symptoms). Las drogas más frecuentemente implicadas fueron los antiepilépticos (13,4%) y los antibióticos (11,5%). La evolución fue favorable en todos los pacientes, sin observar mortalidad en los casos analizados.
Conclusiones. Se observó una frecuencia de 1,8 por cada 1000 pacientes. La edad media de presentación fue de 53,9 años, con una distribución por sexo de 53,8% en género femenino. La forma clínica de presentación más frecuente fue el exantema maculopapular seguido por la erupción fija por drogas. Se detectaron 2 casos de reacciones severas. Los antiepilépticos y antibióticos fueron las principales drogas involucradas.
Palabras clave: manifestaciones cutáneas, reacción adversa a droga.
Cutaneous manifestations caused by adverse reactions to medications are frequently observed in dermatology clinics. Adverse drug reactions are defined by the World Health Organization as any harmful or undesirable event in the standard doses of a drug used for the prevention, diagnosis, treatment of a disease or to modify any physiological function. An adverse skin reaction caused by a drug is considered as any undesirable effect on the skin, mucous membranes, skin, hair or nails.
Objetives. To evaluate the frequency of cutaneous reactions in the Dermatology service of the Hospital Privado Universitario de Córdoba (HPUC), Argentina. Determine the clinical characteristics of the skin lesions and the drugs involved.
Design. An observational descriptive study of patients in a prospective way.
Material and methods. We evaluated patients with cutaneous adverse reactions to type B drugs treated at the Dermatology service of the HPUC, Argentina from July 2016 to December 2017.
Results. In the period July 2016- December 2017, 61 patients with clinical suspicion of pharmacodermia were evaluated. We selected 52 patients who met the inclusion criteria. The calculated frequency was 1.8 for every 1000 patients. The age range of presentation was 18 to 87 years, with an average of 53.92 years, with a distribution by sex of 53.8% in the female gender. 92.3% (n = 48) of the patients were evaluated in the outpatient clinic. The most frequent clinical form was the maculopapular rash (n = 34, 65.4%), followed by the fixed rash
by drugs (n = 8, 15.4%). The condition was severe in 2 patients (3.84%), a toxic epidermal necrolysis and a drug reaction syndrome with eosinophilia and systemic symptoms (DRESS in English, Drug Reaction with Eosinophilia and Systemic Symptoms). The drugs most frequently involved were antiepileptic drugs (13.4%) and antibiotics (11.5%). The evolution was favorable in all patients, without observing mortality in the analyzed cases.
Conclusions. A frequency of 1.2 per 1000 patients was observed. The mean age of presentation was 53.9 years with a greater distribution by sex in females. The most common clinical presentation was the maculopapular rash followed by the fixed eruption by drugs. Two cases of severe reactions were detected. The antiepileptics and antibiotics were the main drugs involved.
Keywords: skin manifestations, adverse drug reaction.
Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.
Fuente de información Asociación de Asma Alergia e Inmunología de Córdoba. Para solicitudes de reimpresión a Alergia e Inmunología Clínica hacer click aquí.
Recibido 2022-04-01 | Aceptado 2022-06-20 | Publicado 2022-03-31
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Introducción
Las reacciones adversas a fármacos son definidas por la Organización Mundial de la Salud como cualquier evento perjudicial o no deseado a dosis habituales de un fármaco que se utiliza para la prevención, el diagnóstico, el tratamiento de una enfermedad o para modificar cualquier función fisiológica1.
Se considera una reacción adversa cutánea causada por una droga, también denominada farmacodermia, a cualquier efecto no deseado en la estructura de la piel, anexos o mucosas. Incluye todos los eventos adversos independientemente del mecanismo de acción o la vía de administración del fármaco2.
Las reacciones cutáneas a drogas son frecuentes, con una prevalencia de aproximadamente 2 a 3% en pacientes hospitalizados y se ha estimado que 1 de cada 1000 pacientes hospitalizados tiene una reacción cutánea grave3.
Las farmacodermias son una preocupación importante para el personal de salud. Debido a que la piel es el blanco más frecuente de las reacciones medicamentosas, los dermatólogos son asiduamente consultados4,5, por lo que es necesario conocer las formas clínicas con las que se presentan, así como los fármacos más frecuentemente involucrados.
Los datos sobre frecuencia en pacientes ambulatorios son escasos, desconociéndose con exactitud la prevalencia e incidencia en la población general5.
En las diferentes poblaciones ya estudiadas6 en Europa, Israel y Asia los patrones de reacciones adversas cutáneas y los fármacos causales suelen variar según la población; y son responsables del aumento de la morbimortalidad y de los costos socioeconómicos3,7,8.
La fisiopatogenia de las farmacodermias es compleja. Se clasifican normalmente como tipo A y tipo B. Las reacciones de tipo A son predecibles y suelen ser dosis dependiente y se explican por la acción farmacológica conocida del fármaco. Las reacciones de tipo B son impredecibles y no son dependientes de la dosis. La incidencia de estas reacciones es baja, pero la mortalidad asociada a ellas puede ser alta. Las reacciones tipo B, a su vez, pueden ser reacciones idiosincráticas (debidas a alguna predisposición individual) o reacciones de hipersensibilidad7,9.
Las reacciones de tipo B por hipersensibilidad se clasifican en cuatro tipos: tipo I (inmediata) como las reacciones urticarianas; tipo II (citotóxica) como el pénfigo; tipo III (por complejos inmunes) como las vasculitis, y tipo IV (retardada) como la dermatitis de contacto. Dentro de este último grupo también se incluyen a las farmacodermias severas como necrólisis epidérmica tóxica (NET), síndrome de Stevens Johnson (SSJ), pustulosis exantemática aguda generalizada y síndrome de reacción a drogas con eosinofilia y síntomas sistémicos (DRESS: drug reaction with eosinophilia and systemic symptoms)10,11.
Existen diversos factores de riesgo asociados para el desarrollo de farmacodermias, tales como sexo femenino, edad avanzada, polimedicación, infección por VIH, reactivación o infección por herpes virus humano tipo 6 y 7, virus de Epstein-Barr y citomegalovirus, factores genéticos y enfermedades autoinmunes12,15.
En cuanto a las formas clínicas se caracterizan por tener diversas formas de presentación y que pueden variar de cuadros leves a severos. Según su morfología, las erupciones se pueden dividir en erupciones exantematosas, urticarianas, pustulosas, ampollares, liquenoides, eritema fijo, pseudolinfoma, vasculitis, lupus, necrosis por anticoagulantes, SSJ, NET, DRESS y eritrodermia16.
La presentación clínica y gravedad de la reacción varían desde un exantema maculo-papular autolimitado a formas severas8. Los exantemas morbiliformes se mencionan como las formas más frecuentes5. Las reacciones adversas cutáneas severas incluyen pustulosis generalizada aguda, DRESS, SSJ y NET9.
En la práctica clínica el diagnóstico de una reacción cutánea a drogas se basa fundamentalmente en la historia clínica, lo que sugiere que la reacción está temporalmente relacionada con el consumo de un nuevo fármaco3. Algunas reacciones se producen en pacientes con un régimen de múltiples medicamentos, haciéndose difícil en estos casos identificar el agente responsable, por lo que se basa únicamente en criterios cronológicos de la medicación9,10,13.
Desafortunadamente, no es posible utilizar una prueba in vitro para determinar qué fármaco fue el causante de este tipo de reacciones. Sin embargo, para algunos tipos de reacción como en el caso de las reacciones tipo B, por hipersensibilidad tipo IV, y algunas drogas, las pruebas de parche representan un método de bajo riesgo de prueba diagnóstica, ya que puede reproducirse la hipersensibilidad retardada a las drogas y solo implicaría una moderada re- exposición de los pacientes a las drogas10.
El diagnóstico definitivo lo da la provocación con el fármaco y la recurrencia de la clínica ante la reexposición, que en muchos casos no es posible por el riesgo para el paciente10.
En la práctica diaria, el diagnóstico del paciente con una reacción adversa cutánea a fármacos se basa principalmente en la evaluación clínica; se debe ponderar el examen físico, los antecedentes personales y familiares del paciente, la historia de consumo de fármacos o el inicio de alguno en el último tiempo, el tiempo transcurrido entre la introducción de este último y la aparición de los síntomas17,18.
El desafío en este tipo de investigaciones es la dificultad para llegar al diagnóstico. Para ello existen algunos cuadros con criterios o cuestionarios que permiten clasificar a las reacciones adversas a drogas en certera, probable, posible, improbable o inclasificable, permitiendo una aproximación diagnóstica mayor19.
El pilar del tratamiento de las farmacodermias lo constituye la retirada del fármaco. Los tratamientos de soporte están destinados a control del compromiso sistémico y a la sintomatología16.
Las reacciones cutáneas adversas a drogas se producen con frecuencia, pero solo pocos estudios prospectivos han sido reportados para evaluar su frecuencia y analizar sus características epidemiológicas. Por la presencia de trabajos precedentes en nuestra institución, y ante la escasez de estudios prospectivos y frente al advenimiento de nuevos fármacos, planteamos la necesidad de estudiar las características clínicas de las farmacodermias, y continuar con la línea de investigación, documentando las mismas en los pacientes vistos por consultorio externo del servicio de dermatología e interconsultas a dicho servicio.
Objetivos
General
Específicos
Materiales y métodos
Diseño
El estudio consistió en un análisis observacional, transversal, descriptivo.
Lugar / marco de referencia
La investigación fue llevada a cabo en el Hospital Privado Universitario de Córdoba, Córdoba Capital, Provincia de Córdoba, Argentina y no se incluyeron los centros periféricos de atención ambulatoria.
El Hospital Privado es una institución de salud privada de alta complejidad, que cubre todas las especialidades médicas lo que le permite ser uno de los mayores centros de derivación del país.
Población
Se seleccionaron pacientes que cumplieran con los criterios de inclusión, con sospecha clínica de farmacodermia, que acudieron a consultorios externos del Servicio de Dermatología del Hospital Privado Universitario de Córdoba o fueron evaluados en internación por interconsulta. El período analizado fue desde julio de 2016 a diciembre de 2017.
Se realizó una evaluación de los pacientes utilizando criterios de Uppsala19 que permitió clasificar la reacción como certera, probable, posible, improbable, condicional o inclasificable (Tabla 1).
Criterios de inclusión
Criterios de exclusión
Recolección de datos
A cada uno de los pacientes se le realizó:
Examen clínico dermatológico completo. Se evaluó: el tipo de reacción cutánea, la localización, el tiempo de la enfermedad, antecedentes personales, antecedentes heredofamiliares de farmacodermias. En ningún caso se hizo reexposición al fármaco y en los casos de duda diagnóstica se tomó una biopsia de piel para estudio histopatológico correspondiente.
Se analizaron las siguientes variables:
Metodología estadística
Con los datos recopilados en la Ficha de recolección de datos se confeccionó una base de datos de tipo Excel, para realizar el análisis estadístico. En el caso de las variables categóricas (como sexo, tipo de pacientes ambulatorios o internados, entre otras) se calcularon los porcentajes para cada categoría y en el caso de las variables continuas (como edad y tiempo de ingesta del fármaco y otras) se calcularon las medidas de posición (media, rango) y la desviación estándar. Los resultados se presentaron en forma de gráficos de barra o circulares según correspondiera. El procesamiento estadístico se realizó con el software estadístico InfoStat (v. 2014).
Aspectos éticos
Se entregó un consentimiento informado a los pacientes con farmacodermia.
El estudio fue aprobado por el Comité de Metodología de Investigación de la Universidad Católica de Córdoba y por el Comité de Investigación y el Comité de Bioética del Hospital Privado Universitario de Córdoba.
Se siguieron los lineamientos de la declaración de Helsinki.
Aspectos logísticos y administrativos
La participación de los pacientes en este estudio fue completamente voluntaria. Ellos fueron libres de participar o abandonar la investigación en cualquier momento.
Resultados
Características generales de la muestra
Durante el período de estudio comprendido entre julio de 2016 y diciembre de 2017 se seleccionaron 61 pacientes con sospecha clínica de farmacodermia entre un total de 28.506 pacientes que concurrieron al Servicio de Dermatología e interconsultas. Nueve pacientes fueron excluidos por tratarse de una farmacodermia improbable (Tabla 2).
La muestra final de esta investigación estuvo conformada por un total de 52 pacientes ambulatorios o internados con sospecha clínica de farmacodermia que presentaron una reacción cutánea en relación con la administración de fármacos.
La frecuencia relativa observada en el trabajo fue de 1,8 por 1000 pacientes. El rango de edad fue de los 18 a los 87 años, la edad media fue de 53,92 años (DE=20,18). Con respecto al sexo, el 53,8% correspondió al sexo femenino, mientras que el resto de sexo masculino (Figura 1).
En cuanto a la procedencia de los pacientes, la gran mayoría de los casos (92,3%) se trató de pacientes ambulatorios que acudieron a los consultorios externos de Dermatología del Hospital, mientras que un 7,7% eran pacientes que fueron evaluados por interconsulta en internación (Figura 2).
Con respecto a los antecedentes, solamente se presentaron reacciones adversas heredofamiliares a drogas en un 2%. No se registraron pacientes con antecedentes de alteraciones de reacciones adversas previas a drogas (Figura 3).
Análisis de las formas clínicas
y localización de las lesiones
La forma clínica de presentación con mayor predominio (65,4%) fue el exantema maculopapular (Figura 4). Le siguieron en orden de importancia el eritema fijo por drogas (15,4%), pustulosis (7,7%), vesicoampollas y urticaria (ambos con 3,8%). El resto fue 1,9% para el síndrome de DRESS y NET (Figura 4).
Al analizar la localización de las lesiones, en el 78,8% de los casos se evidenció afectación del tronco. Un 15,4% de miembros y un 5,8% en rostro (Figura 5).
Hubo compromiso hepático, constatado por el aumento de las enzimas hepáticas, en el 7,7% (4/52) de los pacientes, ocasionado por topiramato, etopósido, lidocaína y lamotrigina. Se observó compromiso de la mucosa oral en el 3,8%. No se presentaron pacientes con compromiso de mucosa genital ni conjuntival.
El cuadro fue grave en 2 pacientes, teniendo en cuenta los criterios de severidad de la OMS: uno vinculable a NET y otro a un síndrome de DRESS. Ambos fueron evaluados por interconsulta en internación.
Análisis de los fármacos
Las drogas más frecuentemente implicadas fueron los antiepilépticos (n=7; 13,46%). Le siguieron en orden de frecuencia los antibióticos (n= 6; 11,53%).
En tercer lugar, le siguieron luego los analgésicos y antiinflamatorios (n=5; 9,6%), seguidos de los inmunomoduladores, quimioterápicos, antihipertensivos e hipolipemiantes (n=4; 7,7%, respectivamente), antidiabéticos orales (n=3; 5,8%), antidepresivos, antiespasmódicos, antifúngicos y diuréticos con 2 pacientes cada uno (3,8%) y en último lugar se incluyen diversos grupos de fármacos como anticoagulantes, antipalúdicos, antiparkinsonianos, antipsicóticos, antivaricosos y antiagregantes, con 1 paciente cada uno (1,9%) (Tabla 3).
El promedio de tiempo entre el comienzo de fármacos y la aparición de la sintomatología fue de 20,08 días (DE=21,8), siendo el rango de 1 a 90 días.
Dentro de los grupos con más frecuencia de reacciones adversas se hallaron los antiepilépticos con 2 casos por lamotrigina, 2 casos por carbamacepina y 1 caso por topiramato, oxacarbamacepina y fenitoína.
En segundo lugar, se hallaron los antibióticos con la amoxicilina involucrada en 2 casos, y ceftriaxona, ciprofloxacina, trimetroprima/sulfametozasol y levofloxacina, responsables de 1 caso cada uno.
Le siguieron en orden de frecuencia (tercer lugar) los analgésicos y antiinflamatorios, dentro de los cuales el ibuprofeno fue implicado en la totalidad de los casos reportados, que fueron 5.
Continuaron por orden de frecuencia (cuarto lugar) los inmunomoduladores con 2 casos por etanercept y 1 caso por azatioprina y sulfasalazina. En el mismo orden se hallaronlos quimioterápicos con 1 caso por erlotinib, capecitabina, sorafenib y etopósido, respectivamente. Le siguieron en el mismo orden el grupo de antihipertensivos con telmisartán, losartán, enalapril y amlodipina responsables de 1 caso cada uno. Se presentaron 4 casos de farmacodermia por hipolipemiantes (2 por atorvastatina y 2 por rosuvastatina). En el grupo de antidiabéticos, se encontraron 3 casos en total, todos desencadenados por linagliptina.
En el grupo de los antifúngicos se observaron 2 casos en total desencadenados por terbinafina. En el grupo de diuréticos se vio 1 caso por furosemida y 1 caso por hidroclorotiazida.
Entre los antidepresivos, 1 caso por venlafaxina y otro caso por escitalopram; y por último, el grupo de antiespasmódicos con 1 caso de clorhidrato de propinox y 1 caso por oxibutinina.
Para concluir, el resto de los grupos de fármacos se vio involucrado en reacciones individuales.
Con respecto a la forma de administración del fármaco, la proporción mayor fue vía oral (92,3%) y en menores proporciones las vías endovenosa (3,84%) y subcutánea (3,84%) (Figura 6).
Otra variable analizada fue la relación entre determinado patrón clínico y cierto grupo de drogas en particular. El exantema maculopapular (n=34) fue causado por antibióticos en 5 pacientes (14,70%), por hipolipemiantes y antiepilépticos en 4 pacientes en cada grupo (11,76% cada grupo), por antihipertensivos y antidiabéticos en 3 pacientes por cada grupo (8,82% en cada grupo). Por último, se vieron 2 pacientes en cada grupo de antifúngicos, antiespasmódicos, quimioterápicos, antidepresivos y diuréticos (5,88% en cada grupo). Los 5 casos restantes estuvieron vinculados con drogas diferentes (Tabla 4).
La erupción fija por drogas (n=8) se relacionó con analgésicos en 3 pacientes (37,5%) y con 1 caso por antihipertensivos, inmunomoduladores, antiepilépticos, antibióticos y antiagregantes (12,5% en cada grupo).
Las pustulosis (n=4) se las relacionó con inmunomoduladores en 3 pacientes (1 caso por azatriopina y 2 casos por etanercept) y con quimioterápicos en 1 paciente (erlotinib).
En el caso de las urticarias fueron dos pacientes, uno por analgésicos y otro por antiepiléptico, al igual que la forma clínica vesicoampollar, que fueron dos casos, uno por antiepilépticos y otro por antidepresivo.
Las formas graves (n=2) se vincularon con un quimioterápico (etopósido) en el caso de NET y con anestésicos en el caso del síndrome de DRESS.
En cuanto al tratamiento y la evolución se indicó en todos los casos la suspensión de la droga y en el 55,8% de los casos se indicó tratamiento sintomático (antihistamínico y emoliente) (Figura 7). En el resto (44,2%) se indicó tratamiento con corticoides, ya sea de manera tópica o vía oral según se requiriera (18 pacientes recibieron tratamiento vía tópica y 5 tratamiento vía oral).
En la totalidad de los pacientes la evolución fue favorable.
Mostramos nuestra casuística en reacciones cutáneas adversas a drogas y analizamos las coincidencias y discrepancias respecto de la literatura y estudios previos sobre el tema investigado en esta institución.
La frecuencia relativa de las farmacodermias calculada en nuestro estudio fue del 1,8 por 1.000 pacientes.
En cuanto a la literatura nacional encontramos un trabajo prospectivo realizado por Tassier y cols.17 realizado en el Hospital de Agudos Dr. Álvarez en Buenos Aires, Argentina, en donde encontraron una incidencia de 0,6%.
En nuestra institución existe un trabajo prospectivo previo realizado por Salduna y cols. en el año 2002, donde informan una incidencia del 0,5%, aunque cabe mencionar que en este estudio se incluyeron las farmacodermias tipo A y B.
En cuanto a la distribución por sexo encontramos un predominio en el sexo femenino con el 53,8%, esto coincide con un trabajo realizado en nuestra institución y con otros trabajos5,7,8. Sin embargo, Tassier y cols.17 no encontraron diferencias significativas en nuestro país.
El rango de edad en nuestro estudio que fue de 18 a 87 años, lo que pone en evidencia que las farmacodermias deben ser consideradas en amplio grupo etario. La edad promedio de presentación en nuestro trabajo fue de 53 años, datos que se asemejan a lo descrito por otros autores como Yi Tian y cols.8 que realizaron un estudio prospectivo en China.
En relación con los antecedentes personales, se observó un 2% de antecedentes heredofamiliares en nuestra casuística.
En cuanto al orden de frecuencia según la forma clínica, se ubicó el exantema maculopapular (65,4%) en primer lugar, seguido del eritema fijo por drogas (15,4%) y en tercer lugar las pustulosis (7,7%). El exantema maculopapular se considera la forma clínica más frecuente entre las reacciones cutáneas por drogas, y cualquier fármaco puede ocasionarlo5-8,12,17,18. Hay distintos trabajos que informan porcentajes variables, como Salduna y cols.5 el 19%, Botelho y cols.7 informan el 37,6%, Tassier y cols.17 el 32,3%, Yi Ding y cols.6 el 39,5% y Fiszenson-Albala y cols.20 el 57%. Nuestra casuística coincide con los demás estudios en ser el exantema maculopapular primero en orden de frecuencia.
En el segundo lugar por orden de frecuencias, observamos el eritema fijo por drogas con el 15,4%, lo cual coincide en orden de frecuencia con el estudio de Tassier y cols.17. No obstante, otros autores informaron predominio de la erupción fija respecto de los exantemas21.
En tercer lugar por orden de frecuencia hallamos a las pustulosis, las cuales fueron ocasionadas por inmunomoduladores y quimioterápicos como azatriopina, erlotinib y etanercept en contraste con el trabajo realizado por Salduna y cols.5, en donde estos grupos no prevalecían en esta forma clínica, razón por la cual podríamos inferir que ocurre esto por el advenimiento de nuevas drogas en los últimos 15 años.
Las urticarias por fármacos se mencionan en otros trabajos como la forma clínica predominante en segundo lugar después de los exantemas20. No fue así en nuestra casuística quedando en el cuarto lugar en orden de frecuencia junto con la forma clínica de vesicoampollas; probablemente porque las urticarias son vistas por otros servicios.
En cuanto al análisis de los fármacos involucrados, según algunos autores, los que producen farmacodermias con mayor frecuencia son los analgésicos y los antibióticos (6,7). En nuestro estudio fueron los antiepilépticos (13,4%) al igual que el estudio de Botelho y cols.7; le siguen en orden de frecuencia los antibióticos (11,4%), al igual que el estudio de Bothelo y cols.7 y luego continuaron los analgésicos y antiinflamatorios, lo cual coincide con el estudio de Tassier y cols.17
En nuestro servicio, los pacientes acceden en situaciones agudas a la consulta de forma espontánea o más frecuentemente a través de derivaciones de otros servicios (medicina ambulatoria, guardia u otros servicios). Algunas farmacodermias, incluso, son atendidas por el primer nivel de atención, razón por la cual creemos que es tan variable la incidencia o frecuencia de estas entidades en los trabajos publicados.
Al analizar la gravedad de las reacciones concluimos que el 96,15% presentó formas leves, es decir que no cumplen criterios de severidad de la OMS12. Esto concuerda con lo descrito por Roujeau y cols.22 quien asevera que las reacciones adversas cutáneas no son en su mayor parte severas. Este autor comunica un porcentaje del 2% en las reacciones potencialmente severas, un porcentaje inferior a nuestro estudio, que tuvo el 3,84%.
En cuanto al análisis de las formas clínicas y los grupos de fármacos se vio que el exantema maculopapular, la forma clínica más frecuente observada, estuvo vinculado principalmente con los antibióticos, mientras que en segundo orden de frecuencia se observó el eritema fijo por drogas por analgésicos, dato similar al estudio realizado por Tassier y cols.17
La tercera forma clínica en orden de frecuencia fueron las pustulosis, las cuales se vieron relacionadas principalmente con el grupo de fármacos inmunomoduladores.
Es relevante destacar que en cuanto a las drogas antidiabéticas orales hubo tres casos de exantema maculopapular producidos por linagliptina, una droga de reciente uso; no hallamos en la bibliografía consultada reportes o grandes estudios de casos que describan estas manifestaciones. El exantema en los tres casos fue morbiliforme localizándose todos a nivel del tronco.
La mayoría de las farmacodermias fueron reacciones leves y todos los pacientes evolucionaron favorablemente con el tratamiento sintomático. Ninguno de los casos tuvo evolución fatal en nuestra serie. La mortalidad en la literatura se relaciona principalmente con las formas clínicas de SSJ y NET. En nuestro estudio solo observamos un caso de NET, pero tuvo una evolución favorable.
Conclusiones
Este trabajo determina la frecuencia, formas clínicas, así como los fármacos involucrados en las reacciones adversas cutáneas a fármacos tipo B en la población asistida por el Servicio de Dermatología del Hospital Privado Universitario de Córdoba. Si bien constituye una pequeña muestra, la mayoría de las variables analizadas coinciden con series de casos de pacientes descriptos en la literatura.
Se observó una frecuencia relativa de 1,8 por cada 1000 pacientes. La edad media de presentación fue de 53,9 años, con una distribución por sexo de 53,8% en género femenino.
La forma clínica de presentación más frecuente fue el exantema maculopapular seguido por la erupción fija por drogas. Los antiepilépticos y antibióticos fueron las principales drogas involucradas. Se detectaron 2 casos de reacciones severas (3,84%).
En cuanto a la relación de las formas clínicas con los grupos de fármacos se relacionó principalmente el exantema maculopapular con los antibióticos, el eritema fijo con los analgésicos y las pustulosis con los inmunomoduladores.
Sostenemos que se debe pensar en farmacodermias como diagnóstico ya que hay una gran cantidad de dermatosis en dermatología que se asemejan clínicamente. Deberíamos mantener elevado el índice de sospecha, lo que nos ayudará a la rápida suspensión del fármaco implicado, la detección precoz, evitando la evolución de formas clínicas potencialmente severas y la instauración de un adecuado tratamiento con la consecuente mejora del pronóstico.
Cabe mencionar que notificar las reacciones adversas cutáneas encontradas en la práctica diaria contribuye con la farmacovigilancia. Creemos necesario que existan sistemas de farmacovigilancia en todos los hospitales debido a que son una herramienta clave para el uso adecuado de medicamentos y el desarrollo de la seguridad del paciente.
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Farmacodermia: clínica y epidemiología
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Alergia e Inmunología Clínica
Número 01 | Volumen
2022 | Año 2022
Reencuentro
Marcela Ordoñez
Farmacodermia: clínica y epidemiol...
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Yo, la Piel
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Torus y exostosis ósea
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manifestaciones cutáneas, reacción adversa a droga
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